3 - Las técnicas artesanales

Seis películas que presentan el trabajo de especialides artesanas únicas: marquetería, engaste, guilloché, creador de brazaletes, esmalte y grabado.

Un miniaturista en marquetería es particularmente diestro, metódico, meticuloso y perfeccionista; observando el grano de la madera sabe exactamente lo que debe hacer con cada minúsculo corte a partir de una finísima chapa.

La marquetería es una técnica decorativa utilizada tradicionalmente en muebles, pequeños objetos de madera y paneles pictóricos, y su uso en relojería es relativamente reciente. Para adornar un objeto o crear una obra de arte en un panel, el especialista en marquetería utiliza una selección de distintas maderas en una gran variedad de colores que él talla, ensambla y aplica siguiendo su propia inspiración y los motivos elegidos o impuestos. Cuando la decoración es geométrica, el término correcto es “parquetería”; pero en cualquier caso puede ser abstracto o figurativo, y su creador tendrá acceso a una amplia paleta cromática, que combina siguiendo su gusto. Puede trabajar hasta con 130 tipos de maderas, seleccionando entre 60 y 70 tintes naturales, sin contar las maderas que ha teñido previamente. El procedimiento consiste en cortar las chapas siguiendo un boceto y pegarlas a una base. 

La historia de la marquetería

La marquetería tiene sus orígenes en la antigua Grecia, en donde los objetos se embutían con diferentes materiales. Esta práctica cayó en desuso durante el Impero Romano para resurgir más tarde en Italia durante la Edad Media. Floreció en los siglos XVII y XVIII, particularmente en Francia gracias a la obra de André-Charles Boulle. Este célebre ebanista desarrolló una técnica que aún se practica hoy, aunque llegó prácticamente a desaparecer en el siglo XX. Consiste en apilar chapas de madera en paquetes que después se cortan con una segueta o sierra de marquetería, un caballete que incorpora una sierra de hoja muy fina.

Las piezas ensambladas se pegan con cola caliente y se prensan. Para conseguir más tonos y dar sensación de profundidad, además del grosor apropiado y una superficie uniforme, se pueden superponer varias chapas. Finalmente, la composición se lija cuidadosamente.

La técnica es idéntica independientemente de la escala y la naturaleza del soporte: muebles, cuadros, cajas de reloj o, más recientemente, pequeños objetos como relojes de bolsillo y relojes de pulsera. 

El primer ebanista de marquetería en Patek Philippe

Patek Philippe se convirtió en pionero en este tipo de marquetería para esferas de reloj por casualidad. La compañía había encargado una caja de presentación para un cliente a un ebanista de excepcional habilidad. Encantados con el resultado, le sugirieron que lo hiciera en miniatura. El artesano aceptó el reto (la primera vez que un reloj se decoraba con marquetería) con el reloj de bolsillo Black Crowned Cranes of Kenya Ref. 982/115 en 2008, seguido por el reloj de pulsera Royal Tiger, Ref. 5077P dos años después. Había nacido una nueva técnica artesanal que ha continuado deleitando a los apasionados de los relojes. Su futuro se presenta igualmente brillante, siempre que otros artesanos reciban la formación necesaria, ya que sólo unos pocos especialistas en marquetería trabajan con relojes. Aquí nos referimos únicamente a la marquetería en madera, ya que lo más importante para Patek Philippe es que la obra resista el paso del tiempo.

La integración de la alta joyería a la relojería fina es un delicado arte que requiere nervios de acero.

Los relojeros han trabajado siempre en estrecha colaboración con los orfebres de la joyería, y muchos de ellos habrían pasado antes por este oficio. La práctica de engastar la caja del reloj con piedras preciosas, particularmente diamantes, fue extendiéndose gradualmente a todas las partes del reloj, desde el brazalete a la esfera, incluidos las asas, la caja y el bisel.

Preparación del engastado

Para la mayoría de las técnicas, cuando el engastador de piedras recibe un trabajo, el terreno ya está preparado. El lugar de cada piedra ha sido ya definido y marcado, y se han realizado perforaciones que sirven de guía, aunque de menor tamaño del que requerirán las piedras posteriormente. Para los relojes de producción normal, esta preparación, conocida en francés como mitraillage, suele hacerse en una máquina con herramientas de precisión. Aunque no así para las creaciones únicas y ciertos relojes de joyería en los que su elaboración artesanal alcanza el nivel de virtuosismo artístico.

Al hacer una hendidura con una fresa, el engastador prepara el asiento de la piedra. Después trabaja el metal con su grabadora, elevándolo hasta formar granos. Estos minúsculos fragmentos de metal sujetarán la piedra firmemente en su lugar. Una vez colocada la piedra, los granos de metal se dividen y separan en dos secciones para sujetar la piedra por ambos lados. Finalmente el grano se redondea, se pule y se eliminan las aristas irregulares que pudieran engancharse en una prenda delicada. Esto es el engastado clásico para diamantes. Pero los orfebres de Patek Philippe también utilizan otras técnicas para engastar piedras preciosas. 

Técnicas de engastado

El engastado aleatorio ofrece la mayor libertad de expresión. El efecto se consigue con piedras de diez o veinte tallas diferentes. El engastador trabaja con un lote de piedras preparadas por el gemólogo y su objetivo es crear una composición armónica con el mínimo metal visible entre las piedras, aunque cada gema debe fijarse con dos o tres granos como mínimo. El engastador crea la configuración de los huecos según va trabajando, o todos de una vez, pero sin un diseño preliminar, dejándose llevar por el propio gusto y la inspiración.

Existe también otra técnica conocida como engastado invisible. En ella, las piedras están preparadas especialmente por el tallador con un pequeño canal para poder ser deslizadas por una guía de oro. De este modo quedan unidas entre sí, con la ayuda de la flexibilidad del metal. Esta técnica requiere de una precisión extrema, ya que una vez que se colocan las piedras no pueden cambiarse de sitio.

Este engaste invisible es también una técnica apropiada para los diamantes baguette y piedras preciosas de color: rubíes, zafiros y esmeraldas. Es una labor delicada, ya que los ángulos de la talla baguette, 90° o menos, hacen la piedra frágil. El orfebre experto sabe cómo evitar los costosos errores.

Engastados pavé y grano: una hilera de diamantes aporta un toque valioso y discretamente lujoso a un reloj. A ras de la caja, el engastador utiliza una forma extremadamente precisa de engastado a granos exclusiva de Patek Philippe, para que cada diamante quede encajado en su lugar de forma segura con pequeños granos de oro formados a mano apenas visibles. Utilizando la mínima cantidad de metal y con gran precisión en el espaciado y alineado de los diamantes se consigue suavidad al tacto, armonía y luminosidad de destello.

El Sello Patek Philippe

El referente de la compañía está pensado para garantizar la integridad continuada de los relojes Patek Philippe. Bajo el Sello, los diamantes deben cumplir un estricto criterio de calidad. Tienen que ser puros o sin inclusiones internas, cumplir con las especificaciones de color Top Wesselton y talla perfecta. Sólo las proporciones exactas, una simetría impecable y un facetado perfecto darán vida al verdadero brillo de los diamantes.

Todas las piedras preciosas deben engastarse verticalmente, en plano axial paralelo y a la misma altura. Cada piedra debe estar engastada de forma segura, en consonancia con el arte del maestro joyero y nunca utilizar adhesivos. También se exige una certificación “libre de conflicto” para todos los diamantes. 

Una antigua máquina, operada a mano para crear bellos patrones de grabado en esferas, movimientos, cajas y brazaletes.

El guilloché es un tipo de decoración mecanizada. A través de los siglos, los artesanos del guilloché han venido utilizando una gran variedad de tipos de tornos manuales, adaptándolos puntualmente para cada función o para dar mayor expresión a su arte y su técnica. Mediante el giro simultáneo de dos manivelas, el principio es siempre guiar la herramienta de corte para realizar finas hendiduras en un soporte de metal, en patrones geométricos repetidos. Hay dos tipos principales de torno: el llamado “de línea recta” y el de roseta.

El primero, como su nombre indica, se utiliza para cortar líneas rectas que pueden cruzarse a cualquier ángulo: por ejemplo, a 90° para crear el estilo clous de Paris. Una mano mueve el cortador horizontalmente hacia la pieza a decorar, que se coloca delante, mientras que la otra mano activa el cortador verticalmente.

Más conocido y utilizado, el torno de roseta ofrece una variedad infinitamente más amplia de ornamentos de gran vistosidad, ya que puede producir líneas curvas. El torno está equipado con unas levas, denominadas apropiadamente rosetas. El artesano mantiene la rotación con una mano, mientras que con la otra maneja el cortador con la máxima precisión.

En Suiza, el arte del guilloché estuvo a punto de desaparecer, al igual que los pocos artesanos que aún sabían utilizar las antiguas máquinas. Por suerte, a finales de la década de 1990, los especialistas que quedaban consiguieron transmitir sus conocimientos justo a tiempo. Fue un periodo de creciente demanda para esta fina decoración, con su juego caleidoscópico de curvas y líneas entrelazadas y repetidas figuras geométricas. Aparecieron en cajas de relojes y brazaletes; embellecieron las esferas e incluso llegaron a adornar los movimientos, donde se empezaron a ver a través de las cubiertas de cristal de zafiro. Hoy, el arte del guilloché ya no se estudia en escuelas de arte, sino que se transmite de artesano a artesano. 

El artista y el torno de roseta

Un artesano del guilloché debe conocer su máquina a la perfección, ya que las instrucciones de uso desaparecieron hace dos siglos. La elección del diseño depende de la forma de la pieza, es decir, de si se trata de un fondo de caja, un brazalete, una parte de la esfera o un péndulo. El artesano debe levantar la cabeza de su trabajo de vez en cuando y observar la pieza completa desde la distancia, para después volver a sumergirse en el detalle mediante su microscopio binocular; el complemento del siglo XX a una máquina de hace doscientos años.

El artesano del guilloché trabaja a un ritmo constante. Para crear una esfera de pirámides, cuyos extremos miden 1/100 mm, con un patrón que aparecerá como pequeños puntos elevados, debe asegurarse de que cada repetición de un motivo nunca se desvíe de esa escala. 

Los orígenes y el futuro del guilloché

El guilloché data del siglo XVI y floreció en el campo de la relojería a lo largo del siglo XIX. Estas extrañas herramientas mecánicas estuvieron a punto de acabar en la basura a finales del siglo XX, y apenas habían vuelto a resurgir cuando apareció un nuevo rival, el grabador de láser. ¿Estaba el arte del guilloché, rescatado in extremis, bajo amenaza de desaparecer de nuevo? La respuesta fue contundente en los talleres de Patek Philippe, en donde la alta artesanía ocupa un lugar primordial. 

Los brazaletes han estado y dejado de estar de moda. Pero en Patek Philippe, la pasión por crearlos y cuidar de ellos sigue intacta.

Los brazaletes tuvieron sus días de gloria; pero incluso el brazalete más simple requiere un complejo proceso de elaboración, y plantea un reto para los relojeros a la hora de reparar o modificar su tamaño. Hoy sería difícil encontrar un distribuidor capaz de ajustar o reparar uno de ellos. Patek Philippe mantiene el compromiso de servicio y reparación de sus brazaletes de reloj. 

La creación de un brazalete

Teniendo en cuenta que cada una de las espirales del brazalete más intrincado está elaborada a mano y ha sido colocada, alineada, ensamblada y soldada, individualmente, es lógico que el  proceso lleve un largo tiempo. Es fascinante observar la destreza y experiencia del creador de brazaletes que comienza su obra a partir de un simple hilo de oro.

El primer paso es dar al alambre el diámetro necesario estirándolo a través de una hilera, tras haberlo cubierto de cera para facilitar la labor. Después, el alambre se enrolla alrededor de un mandril circular, ovalado o elíptico en cobre o acero. El alambre debe tensarse alrededor de este tubo para lograr la uniformidad de los eslabones obtenidos al cortar cada anillo. Una hoja de papel, colocada entre el mandril y el alambre, crea un espacio para poder retirar después el anillo del mandril; el papel se quema con un soplete antes de sacar el anillo. 

Estilos de brazaletes y técnicas

La primera espiral va cerrada y soldada. La siguiente se sujeta a ésta, antes de cerrarla y soldarla. Esto se repite, espiral a espiral, siempre a mano. Las espirales simplemente insertadas una en otra, forman un brazalete curvo. Pero pueden realizarse numerosas y complejas variaciones. La cadena inglesa, por ejemplo, se compone de dos eslabones curvos entrelazados. Y así sucesivamente, desde el estilo más simple al más intrincado. El brazalete de eslabones indudablemente alcanza su apogeo con el de La Flamme Ref. 4815/1 exclusivo de Patek Philippe, creado a partir de dos cadenas inglesas.

El brazalete milanés está formado por una intrincada malla de espirales finas entrelazadas para crear un brazalete flexible, casi como un tejido. La técnica, originaria de las cotas de malla de la Edad Media, tiene su parangón en el reloj de Caballero Complicado, Ref. 3945/1, un ejemplo de los exquisitos brazaletes creados por Patek Philippe en las décadas de los 70 a los 90.

El brazalete debe siempre ajustarse minuciosamente antes de someterse a una prensa de 30 toneladas. Seguidamente, las intersecciones se moldean a mano, para conseguir flexibilidad, y se le da forma en el rodillo. El orfebre entonces crea un cerrador de piñón-cremallera y lo ajusta.

De todas las herramientas del creador de brazaletes —entre ellas numerosas limas— hay una muy singular que el aprendiz debe fabricarse él mismo: los alicates especiales que juegan un papel crucial en el cerrado y soldado de cada eslabón.

El cerrador piñón-cremallera deja un margen de 4 a 5 mm con respecto a la longitud del brazalete. Sin embargo, mientras que puede reducirse cortándolo, no puede alargarse: es imposible añadir nuevos eslabones a los que se han aplanado bajo la prensa en el proceso de fabricación del brazalete. El brazalete está hecho a medida, y si la muñeca de su afortunado propietario aumentara de tamaño con el tiempo, como suele ocurrir, se hará un brazalete nuevo, también a medida.

En los brazaletes más recientes, como el de Patek Philippe utilizado en el Ellipse d’Or para señora, Ref. 4931/2, se acoplaron eslabones de alojamiento a cada lado del cerrador para facilitar los ajustes.  

A partir del siglo XVII, los esmaltadores estaban muy solicitados para la ornamentación de cajas de relojes y esferas. Hoy, es un oficio artesanal con riesgo a desaparecer, aunque no así en Patek Philippe.

El esmalte es una sustancia vítrea basada en arena de sílice. Es transparente (fondant) y puede pigmentarse añadiendo óxidos de metales. Tras pulverizarse y lavarse varias veces, se mezcla con agua para hacer una pasta. Después de preparar la superficie meticulosamente y de añadir una capa de base, se aplica a todo, o a parte del objeto que se va a esmaltar. Una vez seca, esta pasta se somete a cocción en un horno a temperaturas que exceden los 800o Celsius, fusionándose a la base de metal y adquiriendo gran dureza y estabilidad. Según la complejidad del diseño, un modelo puede volver al horno hasta 12 veces.

El esmalte se puso de moda en la era bizantina y alcanzó su apogeo a finales de la Edad Media, particularmente en regiones en donde se fabricaba la porcelana. Pero ha continuado usándose hasta el presente, especialmente en relojería. 

Las técnicas del esmaltador

El esmaltador o esmaltadora, son mujeres en su mayoría, utiliza una de entre cuatro técnicas tradicionales, o quizás una combinación de ellas; pero es muy raro que las domine todas.

técnica cloisonné, se realiza el diseño con hilo metálico, normalmente oro, de menos de 0,5 mm de diámetro, y se fija a una lámina base cubierta de una capa de esmalte. Después de la primera cocción, las celdas formadas por las particiones del hilo se rellenan con los esmaltes seleccionados. Dependiendo del tipo de esmalte, los colores y el efecto deseado, se requerirán varias cocciones sucesivas. Con cada cocción, los detalles se refinan, van surgiendo los colores, intensificándose la transparencia y la profundidad.

La segunda técnica, el esmaltado champlevé, es bastante similar. El procedimiento es el mismo en cuanto a llenar los alvéolos con esmalte, pero la base se labra antes en la lámina. Esto se puede hacer de forma mecánica para piezas producidas en serie y para decoraciones simples en una superficie plana. Pero cuando la obra es compleja, como lo son las creaciones únicas de Patek Philippe, se hace a mano. El esmaltador rellena los alvéolos y les da color en todas las tonalidades deseadas.

La tercera técnica es el esmaltado paillonné conseguido con una serie de minúsculas laminillas de pan de oro cortadas en varias formas. Estas pequeñas motas, llamadas “paillons”, se incrustan después entre capas de esmalte transparente.

La cuarta técnica y la más inusual, es el esmalte de pintura en miniatura que es muy distinta al resto. En realidad puede considerarse como otra técnica artesanal distinta. Desde el principio, el esmalte se trabaja de forma diferente, mezclándose con aceite en vez de agua. Después se aplica con un pincel muy fino sobre una placa previamente esmaltada. De este modo, como queda demostrado en Patek Philippe, pueden reproducirse grandes obras de arte en miniatura, así como retratos expresionistas, paisajes y escenas con figuras. 

Preservar una especialidad ginebrina

Las cuatro técnicas podrían utilizarse juntas en una única pieza, como ya se ha hecho. Los esmaltes se mezclan bien, consiguiendo tonos extraordinariamente sutiles, como los de la acuarela. Todos estos procedimientos requieren tiempo y paciencia y cada cocción en el horno es la prueba de fuego. Una mota de polvo, una corriente inesperada, un golpe en la enésima cocción, y uno tiene que empezar de nuevo desde el principio. El riesgo está siempre latente. De ahí la sonrisa de satisfacción y orgullo del esmaltador una vez la pieza está acabada.

A lo largo de la historia, la pintura en esmalte siempre ha sido una especialidad ginebrina, y Patek Philippe ha contribuido firmemente a su preservación. Sin embargo hoy, de todas las prácticas artesanales, ésta es la que mayor riesgo corre en cuanto a su continuidad en generaciones futuras. El nivel conseguido por los artistas que establecieron su reputación requiere una experiencia que sólo puede adquirirse a través de muchos años de formación y práctica. También requiere intuición artística y talento, y esto no se puede aprender. 

Una habilidad inimitable que crea líneas relucientes y limpias, y un sutil juego de luces, el grabado es un arte de inspiración que utiliza un difícil lienzo de metal.

La primera herramienta del grabador es el… lápiz. Instintivamente pensamos en el buril o en la selección de buriles colocados al alcance de la mano; cualquier observador queda asombrado ante la variedad y cantidad dispuestos sobre un banco de trabajo. El buril es casi una extensión natural de la mano del artista, como lo es la pluma para un escritor. En punta, cuadrado o redondo, pero siempre afilado, esta herramienta penetra el material para vaciar minúsculas cantidades, trazando una línea o una curva con un surco que puede variar en profundidad. 

El arte del grabador

Pero antes de comenzar a grabar una nueva pieza, única en muchos sentidos, el artesano dibuja su diseño y todos los motivos que lo componen. Tanto si el tema es una reproducción en miniatura o una obra original, una creación personal o un concepto basado en el dibujo de un diseñador, el siguiente paso es calcografiar, a punta seca, todas las líneas matrices en la superficie de metal.

El surco trazado por el buril basado en este esbozo requiere una coordinación perfecta de las manos del grabador. Una mano empuja el buril en el metal; la otra agarra el metal mediante un instrumento esférico, la bola de grabador, que sujeta y hace girar la pieza a la posición idónea para el trabajo. En relojería, como en el mundo de la joyería, el grabador trabaja con un microscopio binocular, a una escala que requiere una concentración extrema. 

Variedad de inspiración en el grabado

Cada grabador tiene su propia personalidad y desarrolla su estilo particular y reconocible. Las decoraciones básicas suelen basarse en diseños arabescos entrelazados y volutas en espiral, pero estos artistas dominan también otros motivos. Inspirados por un encargo específico o por su imaginación, bajo el buril se dan forma a una variedad interminable de escenas.

El grabado puede ser en hueco o intaglio, en relieve o esculpido. El grabado en relieve consiste en vaciar la superficie lisa del material con un cincel. Una de las expresiones más espectaculares de la utilización del grabado en relojería, en la que participan varios artesanos de distintas especialidades, es indudablemente el grabado de un movimiento esqueleto. El reloj de pulsera Patek Philippe Skeleton, Ref. 5180 es un ejemplo maravilloso de este procedimiento de alto riesgo que requiere una destreza extraordinaria.

A finales del siglo XVIII trabajaban en Ginebra más de doscientos grabadores. Este oficio artesanal desapareció casi por completo en el periodo entre 1970-1980. Patek Philippe que había dado trabajo a estos artesanos desde sus orígenes, continuó haciéndolo cuando los relojes decorados ya no estaban de moda, manteniendo vivos estos valiosos conocimientos. Hoy, habiéndose salvado por muy poco, existe demanda por el grabado a mano. Causa admiración entre los conocedores, y aunque el número de grandes artesanos es escaso, la supervivencia de la próxima generación de grabadores parece asegurada. 

Patek Philippe Ref. 982/161G-001

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